La temperatura del aire acondicionado no se elige solo para “sentir fresco”, sino para encontrar el punto en que la casa resulta cómoda sin castigar la factura ni el descanso. En una vivienda española, ese equilibrio suele estar más cerca de 24 a 26 °C que de cifras muy bajas, y cambia bastante según la estancia, la humedad y el aislamiento. Aquí te explico qué margen funciona mejor, qué diferencia hay entre hogar y local de uso regulado y qué ajustes hacen que el equipo trabaje mejor sin gastar de más.
Lo esencial para acertar con el termostato sin disparar el consumo
- En casa, el rango más sensato para verano suele estar entre 24 y 26 °C.
- En el dormitorio, muchas personas descansan mejor con una consigna algo más alta, alrededor de 25 a 27 °C.
- Bajar mucho el termostato no enfría más rápido; normalmente solo hace que el compresor trabaje más tiempo.
- En España, los espacios sujetos al RITE y a las medidas de ahorro tienen como referencia de refrigeración 27 °C y una humedad relativa de 30 % a 70 %.
- Persianas, ventilación nocturna, ventiladores y filtros limpios pueden mejorar más el confort que bajar uno o dos grados.
- Si el equipo no llega a la consigna, el problema puede estar en el aislamiento, la orientación o el tamaño de la instalación, no solo en el termostato.

Qué margen de temperatura funciona mejor en casa
Yo suelo tomar como referencia doméstica la franja que el IDAE sitúa alrededor de los 26 °C con ropa adecuada, porque es la que mejor equilibra comodidad y consumo en la mayoría de viviendas. No es un número mágico, pero sí un buen punto de partida cuando no quieres complicarte con demasiadas variables.
Lo que importa no es solo el número que aparece en el mando, sino la temperatura operativa, es decir, la sensación real que combina el aire, las superficies y la humedad. Por eso dos casas con la misma consigna pueden sentirse muy distintas: una con persianas bajadas y buena sombra puede estar cómoda a 26 °C, mientras que otra con sol directo y aire seco puede pedir algo más de ajuste.
| Situación | Consigna orientativa | Qué persigo |
|---|---|---|
| Salón o comedor de día | 24 a 26 °C | Confort estable sin forzar el equipo |
| Dormitorio por la noche | 25 a 27 °C | Descanso sin exceso de frío |
| Estancia muy soleada o con mucha ocupación | 23 a 25 °C, de forma puntual | Compensar carga térmica extra |
| Casa con alta humedad | 24 a 26 °C, priorizando deshumidificación | Evitar sensación bochornosa |
Si vivo en una zona húmeda o en un piso orientado al oeste, yo no me obsesionaría con bajar más grados de entrada: antes probaría con sombra, ventilación nocturna y control de humedad. Cuando esa referencia falla porque el espacio está regulado o abierto al público, el criterio cambia y ahí conviene mirar la norma.
Lo que cambia en una oficina o en un local abierto al público
Aquí yo no mezclaría hogar y negocio. El BOE, a través del RITE y de las medidas de ahorro vigentes, fija para recintos refrigerados de uso regulado una referencia mínima de 27 °C, con humedad entre 30 % y 70 %. Eso no significa que una oficina deba sentirse bochornosa, sino que el equilibrio entre bienestar y consumo está legalmente más alto que en casa.
En un despacho doméstico, si trabajas sentado delante del ordenador, 24 a 25 °C suele bastar; si hay mucho movimiento, varias personas o una carga solar fuerte, quizá tenga sentido bajar algo puntualmente, pero no como hábito. En locales de uso público, en cambio, la consigna no la marca solo el confort percibido: también mandan la actividad, la ocupación y la obligación de cumplir la instalación según su uso.
Yo veo este matiz como algo importante porque evita un error muy frecuente: copiar la temperatura de una vivienda y aplicarla sin más en un comercio, o al revés. Cuando el espacio está sujeto a normativa, la prioridad no es “ponerlo helado”, sino mantener un rango razonable y estable. Y precisamente ahí aparece el siguiente problema: bajar demasiado el termostato parece una solución rápida, pero suele salir cara.
Por qué bajar demasiado el termostato sale caro
La idea de que poner el aire a 18 °C enfría antes es uno de los mitos más resistentes. No funciona así: el equipo no expulsa un frío “más potente” por bajar la consigna, sino que alarga el tiempo de trabajo del compresor hasta alcanzar una temperatura que quizá ni siquiera te aporta más confort.
Como regla práctica, cada grado que bajas por debajo de un rango razonable suele notarse en la factura. Distintas guías y fabricantes hablan de incrementos cercanos al 7 % u 8 % por grado en ciertas situaciones, aunque yo lo trataría como una orientación, no como una ley exacta. El mensaje útil es más simple: cuanto más agresivo seas con la consigna, más energía pides y menos eficiente se vuelve el equipo.
- El aparato tarda más en estabilizar la estancia.
- El consumo sube porque el compresor trabaja más tiempo.
- La diferencia con la calle aumenta y el cambio térmico se vuelve más brusco.
- La sensación de sequedad puede empeorar ojos, garganta y piel.
Además, cuando la consigna es demasiado baja, el aire suele incidir más tiempo sobre la misma zona y eso se traduce en molestias locales: espalda fría, cuello cargado o una corriente molesta que no representa frescor real. Por eso yo prefiero ajustar por estancias y hábitos, no por obsesión con el número mínimo.
La temperatura ideal cambia según la estancia
No todas las habitaciones piden lo mismo. Una casa no se usa como un laboratorio, y el confort depende de cuánto tiempo pasas en cada espacio, de la actividad que haces y de cómo entra el sol. Yo suelo pensar en la climatización por uso, no solo por metros cuadrados.
Salón y zonas de uso diurno
En el salón o el comedor, 24 a 26 °C suele ser la zona más equilibrada. Si cocinas, recibes visitas o tienes muchas horas de sol en la tarde, bajar a 23 o 24 °C durante un tramo concreto puede tener sentido, pero yo no convertiría eso en el ajuste habitual de todo el verano.
Dormitorio
Para dormir, mucha gente descansa mejor con la consigna algo más alta que en el salón. 25 a 27 °C suele funcionar bien si el aire no apunta de forma directa a la cama. Aquí el modo noche o el temporizador ayudan más de lo que parece, porque evitan que el cuarto se enfríe demasiado cuando el cuerpo ya ha bajado su temperatura.
Lee también: Cómo funciona un termostato de calefacción y dónde colocarlo
Despacho o teletrabajo
Si pasas horas sentado, 24 a 25 °C suele ser suficiente. En esta situación la sensación térmica importa mucho más que la cifra exacta: una silla al sol, varios equipos encendidos o una ventana mal sellada pueden hacer que una misma consigna se sienta peor que en otra habitación. Por eso, antes de tocar más el mando, yo revisaría la carga solar y el movimiento de aire.
Y hay una regla que casi siempre funciona: cuanto menos cambie la estancia a lo largo del día, más fácil es mantener una temperatura agradable sin castigar el sistema. Eso me lleva a la parte más práctica de todas: cómo conseguir más frescor sin bajar más grados.
Cómo conseguir más frescor sin bajar más grados
Cuando una casa no enfría como debería, la primera reacción suele ser bajar un par de grados. Yo casi nunca empiezo por ahí. Primero miro si la vivienda está ayudando al equipo o si, por el contrario, lo está obligando a pelear contra el sol, las fugas y la humedad.
- Baja persianas y toldos durante las horas de más radiación, sobre todo en fachadas oeste y sur.
- Ventila por la noche o a primera hora, cuando el exterior está más fresco y puedes renovar el aire sin meter calor acumulado.
- Usa un ventilador para mover el aire: muchas veces te permite subir uno o dos grados el aire acondicionado sin perder confort.
- Revisa y limpia los filtros si el equipo pierde fuerza, huele raro o tarda más de lo normal en estabilizar la estancia.
- Activa el modo deshumidificación cuando el problema principal sea la bochornera, no tanto la temperatura extrema.
- Orienta el flujo hacia arriba o evita que el chorro caiga directamente sobre la cama o el sofá.
- Cierra puertas y corrige fugas; unos burletes baratos pueden cambiar más la sensación térmica de lo que mucha gente imagina.
Si el aparato sigue sin llegar a la consigna después de hacer esto, yo no seguiría apretando el termostato. Ahí ya sospecharía de una instalación mal dimensionada, de un aislamiento flojo o de una vivienda que necesita mejoras más de fondo. En una casa bien resuelta, el aire acondicionado trabaja menos y se nota más.
La referencia práctica que yo usaría para no equivocarme
Si tuviera que dejar una sola pauta, sería esta: empieza en 25 o 26 °C, espera un rato y solo baja un grado si de verdad sigue faltando confort. Ese pequeño margen suele ser suficiente para la mayoría de viviendas, y evita caer en el exceso de frío que luego se paga en factura y en incomodidad.
- De día, deja el ajuste base en 25 o 26 °C.
- Si la habitación recibe sol directo, corrige primero con sombra y ventilación.
- Por la noche, sube un poco la consigna si duermes mejor así.
- Si notas el aire muy seco, revisa humedad antes de bajar más la temperatura.
- Si la casa nunca llega al punto marcado, el problema no es solo de termostato.
Yo me quedaría con una idea muy simple: una buena climatización no persigue el frío máximo, sino una sensación estable, sin altibajos y sin castigar la instalación. Cuando el termostato está bien ajustado y la vivienda ayuda, el aire acondicionado deja de ser un enemigo de la factura y pasa a ser una herramienta de confort. En una casa bien resuelta, ese matiz se nota mucho.